FUNDADORES

Venerable Madre

María Antonia Paris

Nació el 28 de junio de 1813 en un pueblo de España llamado Valmoll. Allí se había refugiado su madre huyendo del ataque de las tropas napoleónicas. Su padre era agricultor y muere 3 meses antes de que ella naciera.

A temprana edad, Antonia se siente atraída a la oración. Cuando tiene 13 años, queda impresionada por una misión que predican los padres franciscanos y desde entonces siente el deseo de dedicar su vida a Dios.

María antonia siente que Dios la llama a consagrar toda su vida a su servicio. el 23 de octubre de 1841, entra  como postulante a la Compañía de María, una comunidad dedicada a la oración y la educación. el 21 de abril de 1850, recibe un permiso especial para iniciar un Noviciado. Pero Dios tiene otros planes para ella.

Desde 1842, mientras antonia era aún postulante, el Señor comenzó a mostrarle unos horizontes totalmente nuevos.

Con el deseo de vivir el Evangelio hasta las últimas consecuencias, el Señor le manifiesta  su deseo de una Nueva Orden pero no nueva en la doctrina, sino en la práctica y el Señor le guía hacia la persona que le dará la mano: Antonio Maria Claret, un sacerdote misionero bien conocido en el norte de España.

El 22 de febrero de 1852 la Madre París abandona su tierra natal rumbo a cuba con otras jóvenes para responder a las necesidades de este nuevo mundo. la visión misionera de Claret unida al deseo de la Madre Antonia de vivir el Evangelio con toda radicalidad, convergen en una nueva forma de vida religiosa en la iglesia.

La Madre envía a El Papa Pio IX sus apuntes sobre el plan de reforma de la Iglesia: una vida de sencillez, alegría,  vida en comunión, y proclamación del Evangelio.

El 25 de agosto  de 1855, nace oficialmente la nueva orden en Santiago de Cuba, como la primera orden fundada en suelo cubano, su nombre: Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas. su primera tarea es dedicarse a la educación de la niñez, aceptando en sus aulas niñas de toda raza y condición, con una preferencia por las más pobres.

Antonia paso los últimos días de su vida en España, manteniendo vivo el espíritu  original de pobreza y comunión fraterna en la nueva orden. Murió el 17 de enero de 1885.

San Antonio

María Claret

Ingresó al seminario de Vich (España) y allí recibió la ordenación sacerdotal. Fue luego nombrado vicepárroco y pronto empezó el pueblo a conocer cuál era la cualidad principal que Dios le había dado: era un predicador impresionante, de una eficacia arrolladora. De todas partes lo llamaban a predicar misiones populares, predicando hasta diez sermones en un día. Viajaba siempre a pie y sin dinero.

Durante 15 años predicó incansablemente por el norte de España, y difícilmente otro predicador del siglo pasado logró obtener triunfos tan grandes como los del padre Claret al predicar. En su vida predicó más de 10,000 sermones. Lo que hizo San Juan Bosco en Italia en ese tiempo a favor de las buenas lecturas, lo hizo San Antonio Claret en España. Él se dio cuenta de que una buena lectura puede hacer mayor bien que un sermón y se propuso emplear todo el dinero que conseguía en difundir buenos libros. Mandaba imprimir y regalaba hojas religiosas, por centenares de miles. Ayudó a fundar la Librería religiosa de Barcelona y fue el que más difundió los libros de esa librería. Él mismo redactó más de 200 libros y folletos sencillos para el pueblo, que tuvieron centenares de ediciones. Los regalaba donde quiera que llegaba. En todas partes reglaba medallas, rosarios, hojas y libros religiosos.

El 18 de febrero de 1851, el Santo entra solemnemente en la ciudad de Santiago de Cuba, colocando su actividad pastoral bajo la protección de la Virgen de la Caridad del Cobre, de quien fue entusiasta devoto. Encuentra la Archidiócesis aquejada por gravísimos problemas religiosos, morales, sociales y políticos. El 24 de noviembre de 1851, poco después de recorrer por primera vez su vasta Archidiócesis, escribe al Obispo de Vich, Cataluña, una carta en la que retrata ese lamentable cuadro de abandono espiritual y material: “Me lleno de indignación al presenciar el criminal abandono en que el Gobierno español tiene al clero de este Arzobispado”.

En los seis años y dos meses que vivió en Cuba, el Santo se dedicó infatigablemente a la reforma del clero; a reconstruir el seminario, al cual hacía 30 años que no ingresaba un seminarista; a la creación de nuevas Parroquias; a fundar cajas de ahorro “para utilidad y morigeración de los pobres”; y a misionar a los fieles de la vasta Archidiócesis, la cual recorrió íntegramente cuatro veces, siempre a pie o a lomo de mula.

En Cuba administró el sacramento de la confirmación a 300,000 cristianos, correspondientes a ¡un tercio de la población de la isla en ese entonces! y arregló 30,000 matrimonios. Logró formar con los sacerdotes una verdadera familia de hermanos donde todos se sentían bien atendidos y estimados en la casa del Arzobispo.

En 1857 fue llamado a España como capellán de la reina Isabel. En 1849 al darse cuenta de que para mantener viva la fe del pueblo se necesitan sacerdotes entusiastas que vayan por campos y ciudades predicando y propagando buenas lecturas, se reunió con cinco compañeros y fundó la Comunidad de Misioneros del Corazón de María, que hoy se llaman Claretianos. Actualmente son 3,000 en 385 casas en el mundo. Fundó también las Hermanas Claretianas que son 650 en 69 casas. Estas comunidades han hecho inmenso bien con su apostolado en muchos países.

Asistió al Concilio Vaticano en Roma en 1870. En el mismo, pronunció un memorable discurso que fué muy bien recibido, comentado y elogiado. En Francia, los  monjes cistercienses del monasterio de Fuente Fría le hospedaron, y allí, después de haber escrito por orden del superior de su comunidad su autobiografía, enfermó.   Falleció el 24 de octubre de 1879. Tenía apenas 63 años. Después de su muerte, se le han atribuído  numerosos milagros.